sábado, 27 de mayo de 2017


Se camuflan las estrías
de palabras afiladas
aguantando con elegancia
los fracasos,
resumiendo cualquier historia
a un casi cínico «no pudo ser»,
pulverizando cualquier estigma
de un amor letal
y terminal
con morfina.
Se aplaca la rabia
de la impotencia y su peligro
disimulando no escuchar
el ruido
del motor de un coche
que se aleja,
de una ola que se despide
y se rompe,
de un golpe de nudillos
que esconda lo hipersensible.
Corren tiempos difíciles
para la tristeza,
ya no puede una quedarse
mustia,
abandonarse en un rincón
unos días, unas horas;
no está de moda,
es obligatorio ser feliz
y publicarlo.


martes, 16 de mayo de 2017

Le abrí la piel a tu cuerpo amnésico
una vez.
No debimos limitarnos a ver
cómo el placer
cicatriza.

Imagen: Giorgina Napoletano





No me gusta el océano
en calma
como no me gusta
el silencio,
y mucho menos desde
que te conozco
a ti
que eres tormenta eléctrica
en alta mar.


Me arranqué el corazón y lo tiré al río
para ir por la vida como vas tú,
total, a mí ya no me servía
un corazón helado ¿a dónde va?.

Un rato después de nuevo hervía
vi cómo el agua empezó a humear.
¡Cómo iba a dejarlo allí!
si al fin y al cabo era mío.

Tarareaba Cry Me a River
hipotérmico perdido
y lo metí entre algodones.
Lo distraigo con papiroflexia,
le invento peces que vuelan...

Pero está de piedra como una gárgola
cuanto más quiero tocarle fibra
más resistencia opone a palpitar.

Y aquí estoy, dándole versos cada ocho horas.
Los poemas que nadie le dedica
se los escribo yo.


Ya no apuesto mi mano
a ningún otro fuego
después de haberme
quemado
-como si fueras cualquiera-
por ti.




domingo, 7 de mayo de 2017

Hay un abismo que me separa de tu lado
y siempre es más ancho que mi salto.

Va por delante mi sombra, ella te alcanza
mientras yo me agarro a los trazos
desdibujados de la memoria:

los segundos tras el beso,
los dos minutos y medio de mirarse dentro,
el eco que dejó tu voz al pronunciar mi nombre,
el pequeño silencio detrás de una coma,
ese intuir que precede al gesto.

Todo se puso en su sitio cuando cogiste mi mano.

Quise –ilusa- darle un giro a la vida
colgada de tu cuello como una bufanda,
desterrar todo el espacio que invade
la nada más absoluta, ocupar la ausencia,
desafiar la lógica de los espejos.

Pero en esta primavera que se te parece tanto
la lluvia caerá mañana despacito
y tú no estarás aquí para contarlo.




martes, 2 de mayo de 2017

Dentro, existen los intersticios, espacios
huecos, por donde se cuela la angustia y se hace
una casa en cualquier tejido del ventrículo
izquierdo, como un parásito que se alimenta
de ti y lo deja todo como un campo baldío.

A medida que va engullendo los músculos
va transformándose en estructuras de soledad
o tristeza, carcome los impulsos eléctricos de luz
y te deja frágil como una niña, que perdida
en una ciudad, espera llorando a que la lleven a casa.

Solo aplicar calor cada ocho horas como un parche
sobre la parte herida, puede regenerar la materia
o quizá no, y así te mueves por la vida, según los días,
acusada de blanda por deshacerte en ternura
y de dura cuando ya te ha hecho inmune.

Imagen: Anna Bodnar


El exceso de amor
propio
hace que no quede
espacio
para amar a nadie
más.

Imagen: Christo Dagorov